Dicen que la poesía moderna empieza cuando unos trabajadores dormidos interrumpen el bosque de símbolos del ensueño del poeta que busca sus versos entre el sol que se pone y la noche que comienza. Alguien dice esto sobre el poema “Conflicto” de Mallarmé. El trabajo en el poema quiebra la vía directa del poeta hacia el gran drama de la naturaleza, el trabajo pasa a ser parte de ese escenario de contemplación estética.

Me pregunto si podría hacerse una serie con poemas de distintas épocas que se llame “el trabajo y la poesía”, donde cada poema marque una forma distinta de pensar el trabajo, de hacerlo aparecer, de relacionarse con esa actividad. Por Victoria Cóccaro

¿Fernanda Laguna entraría en una subserie del trabajo y la mujer? Pero ¿qué tiene que ver con, por ejemplo, Nicolás Olivari que entraría también en esa serie? ¿Qué hay entre la dactilógrafa tuberculosa, la costurerita que dio el mal paso o la pianista prostituta y la proletaria sensible de Fernanda Laguna? ¿En uno el trabajo enferma en otra el trabajo da, finalmente, dinero? (“una mujer con dinero…” canta el verso de Laguna) ¿En uno el trabajo son marcas en los cuerpos de las mujeres que el poeta indica (“tus manos trabajadoras…” según la voz del poeta Olivari), en otra la poeta simplemente trabaja?

¿Osvaldo Aguirre conformaría con otros amigos objetivistas –no voy a entrar ahora en la discusión de qué sería objetivista- un grupo en el que el trabajo es algo que pasa en las cosas? ¿El trabajo es ahí, en el poema que abre Al fuego, el movimiento autónomo de las cosas, los animales, la luz? ¿Es solo el impacto que reciben? ¿y el relato son capas de ruidos que se superponen sobre distintas materias (la cadena en el patio, la cadena en la mesa, la cadena en el lavadero, la cadena en el inodoro, el metal en el agua, el agua en el inodoro y así)? ¿Los ruidos solo reverberan en los materiales o alguien los escucha? ¿Cómo pueden narrarse las acciones en las cosas y elidir a quien ejerce esa acción? ¿Pero, por qué este campo no está atravesado por la historia …o la historia está en las cosas: entre la intensidad del ruido y su presencia neblinosa? ¿La huella en el campo es la inscripción del proletario? ¿Esa huella es la misma en 1930, 60 o 94?

Pero así como Aguirre todavía escribe sobre los efectos del trabajo, a mediados de los noventa, Raimondi escribirá sobre los efectos, no del trabajo, si no de su falta: “Todo lo que dejó de ser con la resolución del Servicio Nacional de Sanidad Animal /(SENASA) del 4 de abril de 1997 concerniente a la prohibición de realizar pelado de camarones en domicilios particulares”; o el trabajo pasará a estar escondido en plantas industriales de capital tripartito donde la huella que deja va por adentro de la tierra: “El proyecto Mega se iniciará en Loma de La Lata/ (provincia de Neuquén), donde será instalada/ una planta separadora de componentes líquidos/ a ser bombeados, a través de un poliducto de 600 km. / hasta la planta fraccionadora de Bahía Blanca”. Poesía civil, 2000. El trabajo es una actividad que se deja de hacer (escribir sorbe el trabajo es sobre la suspensión de una acción), o el trabajo va por un tubo por adentro de la tierra.

Vuelvo al comienzo, ¿cómo terminaría la serie “el trabajo y la poesía”? Sin melancolía: escribir poesía es eludir el trabajo: eso dijo alguna vez Damián Selci sobre el primer libro de Mariano Balatt: “La belleza de los que no trabajan”.

 

* Foto de Portada Agustina Quiles “Sin titulo”