Arte, maternidad y precarización

“Una mujer

No merece

Su tiempo 

Para dedicarse

A las cosas que le interesan”

Fernanda Laguna

 

La Trampa

El ámbito artístico y cultural de la ciudad de Buenos Aires está inundado de discursos feministas, anticapitalistas y antipatriarcales. A la vez, como mujeres, encontramos herramientas de libertad y emancipación a través del arte. Así, más de una cae en la trampa de pensar que nos veremos exentas, al menos parcialmente, de las desigualdades que el sistema capitalista y patriarcal establece para la mujeres que deciden ejercer su maternidad. Lamentablemente, eso no es tan así. Y una de las principales razones tiene que ver con la precarización laboral a la que estamos sometidas como trabajadoras de la cultura.

Si una mujer decide ser madre probablemente lo sea a la edad en la que su carrera artística atraviese un momento de crecimiento o de consolidación. Y, ante esa decisión, es probable que se encuentre con la alarmante situación de no tener trabajo en blanco y, por lo tanto, ninguna licencia paga, ninguna política que le permita interrumpir momentáneamente su trabajo asalariado y volver luego con las mismas condiciones. Entonces, deberá resolver esa situación de manera personal y privada en el entramado íntimo/familiar. 

Las posibilidades

O nos tomamos una licencia total o parcial sostenida en el privilegio personal de tener un sostén económico de otro tipo (pareja, familia de origen, propiedad, ahorros), e intentamos luego del periodo que cada una pueda, volver a la actividad con los recursos que contemos luego de la interrupción.  

O nos vemos obligadas a resignar el camino en el que veníamos, y tomar un trabajo económicamente más rentable y que nos permita salir de la precarización (lo cual es muy difícil si no lo teníamos de antes, ya que no se suele emplear mujeres con bebés recién nacidos). 

O si teníamos dos trabajos -uno más rentable/estable y el artístico- debamos elegir el trabajo de mayor estabilidad. O, nuevamente sostenidas en un privilegio de clase, apoyarnos en otro sostén y mantener solo el trabajo artístico en un modelo parecido a las mujeres de clase alta que trabajan unas pocas horas para tener su “pocket money” dedicándole el resto de sus días a la crianza.

Es que una economía basada en talleres autogestionados, aplicaciones a subsidios y pequeños sueldos autogenerados no tiene forma de cubrir un lapso de corte. 

Y, considerando que los ingresos de cualquier artista rara vez superen el sueldo de una niñera por hora, la opción de pagar a alguien por las tareas de cuidado se vuelve algo parecido a “cambiar plata” y, entonces, nos vemos arrinconadas por la pregunta: “¿qué deseas más, estar en casa con tu hije o salir a desarrollarte artística y profesionalmente?” Como si fuera posible esa comparación. Como si ambas actividades fueran necesariamente excluyentes.

En esas encrucijadas muchas mujeres relegamos parte de nuestro desarrollo artístico y laboral, o bien para elegir algo más rentable económicamente o para estar al cuidado de nuestres hijes.

El futuro 

Antes las mujeres teníamos poco lugar en el mundo artístico/cultural. Ahora, conquista de nuestras luchas, venimos ocupándolo con más fuerza, pero solo si nos sometemos a las reglas del juego fundadas y conducidas principalmente por varones, a quienes nunca se les presentaron este tipo de dilemas, ya que las tareas de cuidado y reproducción quedaban a cargo de mujeres.

Al observar las estadísticas y los bajos porcentajes de premios y cargos asignados a las mujeres, podemos pensar que, entre otras cosas, también tiene que ver con esto. Al interrumpir nuestro trabajo con pseudolicencias autoasignadas y/o tomar el trabajo artístico como segundo trabajo (considerando como primer responsabilidad el cuidado de un otre), nuestro crecimiento y desarrollo artístico se ve siempre demorado y perjudicado.

Ante esta problemática, es tiempo de que dejemos de buscar soluciones individuales y personales, que pensemos y luchemos por crear un sistema que haga malla y sostén, para que, sin descuidar las tareas de cuidado, tengamos todes igualdad de posibilidades de crecimiento y profesionalización artística. 

 

Por Bárbara Molinari / Área de Crianza