Me preparo infusiones y espero a que me calienten un poco.
No es frío lo que tengo, es la sensación de estar en un precipicio. Hace días volví a escribir en un cuaderno de papel las listas de tareas que antes hacía en el mail. No entiendo los días, no me los sé, ni su orden.  Me reconozco como una persona lenta, reactiva a los cambios pero también con una capacidad casi espiritual para ponerme al servicio de lo que suceda en el ahora. Es lo que siento ya hace meses, la pregunta retumba por todos lados en mi, cuando hablo con alguien, cuando medito, cuando tengo mis momentos de comprensión y conexión física en el día para poder entender algo de mi hoy, cuando bailo, cuando bailo, cuando bailo. Sigo en el desatino de los días. Ya me desencontré con muchas personas, me encontré con otras que siento cerca. Apago la luz de mi cuarto, la ventana enfrentada a él refleja, de vidrio a vidrio una sombra y una luz que pasa por los vidrios de la puerta. En este film de la pared de mi cuarto el viento mueve las hojas del floripondio majestuoso del pasillo patio. Me detengo a observar y pensar que esta sombra hace meses me daba más o menos un poco de miedo y ahora no. Pero ese miedo que se lavó dejó al descubierto algo más. Puedo ver ahora el viento que todas las noches asoma en la sombra. mientras cuando abro los ojos al día siguiente pienso que es otro día de desconocer la orientación del sol y empezar ahora a estudiar por dónde sale. Parece que ahora me volveré especialista en este territorio pequeño. por no poder ejercer mi carácter de nómada. Y me repito que ayudar y estar, es hoy para mi tener y ejercer en mi cuerpo.

Flor Argento