El mirar se conjuga con el caminar

Querer saltarse el proceso es un gesto snob, pongámosle la justificación que más nos cuadre, peor, más snob todavía. El contexto te hace creer que el proceso no es necesario, que no es necesario profundizar porque implica embarrarse, transpirarse y muchas veces perderse resultados que aparecen en la eficacia de mantenerse en la superficie. Al fin y al cabo 84 personas respondieron la encuesta, alrededor de 30 estaban interesadas en caminar, solo 4 aparecieron en la reunión y firmaron la declaración jurada que exigía el festival LODO, pero solo uno de ellos caminó.

El día de la caminata fuimos 4 personas en la entrada del Proa. Nos reunimos a las 11 Hs. en La Boca. Una de las primeras cosas que vemos es un cartel que dice que desde la cafetería del museo puede contemplarse una vista maravillosa, vista al riachuelo. Hay mucho sol y se siente un frío agradable. Nos acercamos al río y vemos un poco de basura flotando. Nos preguntamos qué son esas burbujitas que se ven, nos respondemos que son cosas en descomposición, imaginamos frutas podridas, desechos cloacales y peces mutantes.

Salimos a caminar los cuatro juntos, elegimos a un señor en bicicleta para preguntarle “¿cómo vamos al sur caminando?”, era un señor mayor vestido de deportista. Como no sabía dibujar o no se daba maña escribió algunas indicaciones como lista en un papel para llegar al sur, contestó que caminando hacia allá y con un gesto nos marca un lugar mientras nombra el puente Victorino o Vittorino de la Plaza, Av. Pavón, la cancha de Independiente y la de Racing. Avanzamos y paso a paso nos alejamos de lo pintoresco de Caminito y la “maravillosa” vista de PROA. Aparecen fábricas abandonadas, los finales de los recorridos de las líneas de los colectivos, el final del 39 y del 67. La primera indicación era encontrar al puente Vittorino. Para eso debíamos costear el riachuelo. Esta vez caminamos del lado de capital, esa zona jamás la habíamos caminado: Enormes fábricas y galpones antiguos uno tras otro, la mayoría abandonados, cuanto más nos alejamos los esqueletos de los edificios mostraban más su historia.

El primer puente que vemos está levantado, suponemos que ese no es el puente “Victorino”. Seguimos caminando y aparece otro. Preguntamos cómo se llama y nos dicen otro nombre, entonces decidimos seguir caminando. Vemos más fábricas abandonadas, algunos murales, gente cocinando en la calle y no mucho más. Parece un espacio fuera del tiempo o fuera de toda lógica de convivencia social. No hay comercios, ni demasiada gente. El sol pega muy fuerte y las construcciones son muy grandes. Pasamos 2 puentes pero ninguno era el Vittorino o Victorino, nos resultaba raro no dar con él y algo que suele suceder es empezar a desconfiar del camino o en la idea de camino del otro. Para asegurarnos de que existe ese tal puente consultamos a otro señor, este estaba haciendo footing. Nos confirmo su existencia y nos dijo: “a esta hora sí podes ir por ahí”. La idea de camino comenzó a distorsionarse.

El espacio estaba desolado solo aparecían paredones altos y fábricas. De vez en cuando pasaba alguna persona con bolsito y al borde del riachuelo seguían los pibes fumando y parados con motitos, tal vez una persona en situación de calle y varios perros echados en rincones. Empezamos a sentir cierta urgencia por encontrar el puente correcto. Alguien dijo “ ese tiene que ser” y al verlo supe que era el puente indicado. Pero no sabíamos cómo cruzar ya que por abajo del puente había un caminito angosto y por el otro lado aparecía una especie de mini barrio de emergencia hecho de construcción y casillas o por lo menos era lo que creía ver. Esto nos desconcertaba y para lograr salir de allí decidimos preguntarle a dos hombres que arreglaban un auto al borde del riachuelo. 

Nos respondieron que para cruzar el puente Vittorino debíamos meternos en el barrio y hacer dos cuadras. Nos metimos e hicimos las dos cuadras. El espacio cambió por 3 minutos: barullo, música, y movimiento aparecieron de golpe. 
Las doñas hablaban en la vereda, autos sport en el patio de una casa que a la vez se confundía con parte de camino que no sabías si era público o propiedad privada. Vimos el paso del puente para lograr salir y cuando nos dirigimos a ese lugar quisimos certificar que ese puente era el indicado. Llegamos a un nuevo puente. En ese momento el río parece muy angosto y muy fácil de cruzar, se ve firme, seguro. Un policía nos mira. Tenemos la duda de si estamos en el puente Victorino de La Plaza o no. Le preguntamos al policía. La respuesta es que no, que tenemos 10 o 15 cuadras más. Esto generó un debate en el grupo: dos queríamos seguir la regla y otros dos, no. Finalmente optamos por la seguridad entre los cuatro decidimos cruzar ese puente igual. Del otro lado vemos el otro lado de las cosas.

Avanzamos por una vereda angosta y observamos la parte de atrás de la estación de Avellaneda que desde hace un tiempo se llama “Darío y Maxi”. Bordeamos el costado de un supermercado Coto y llegamos a un lugar de hamburguesas en la calle, tenemos hambre, así que resolvemos parar a comer algo. Un local de comidas rápidas y entre paty y pancho, almorzamos y nos fuimos. El grupo se divide. Dos queríamos cumplir uno de las indicaciones del señor de pasar por la cancha de racing y los otros seguir al sur. En la pausa se activa el debate de si hicimos bien en cruzar ese puente o no, y nos preguntamos dónde quedará la cancha de Racing. El grupo se divide en dos. Un par van a la cancha y el otro par seguimos avanzando con la consigna de llegar al sur.

El camino del otro y caminar sin objetivo (una opción)

Esto me hizo pensar en la posibilidad de andar solo, de apartarme del grupo, de un vagar. Pero también esta decisión llevaría la situación de caminar en un lugar donde la palabra inseguridad mandaba. ¿Qué posibilidades de camino rechazamos en esta decisión? ¿Qué nuevas potencias en la mirada frustramos? o ¿qué peligro dejamos de correr? Cruzar el puente fue cumplir un objetivo o pasar de un lado a otro, ahora estábamos en un umbral en el cual no podía ubicarme, mi cerebro aunque quería orientarse no podía entonces algo de esta intemperie y desorientación afectaba mi percepción. El camino tomó otra fibra, de hogares a puertas abiertas, de asfalto y adoquines, de un lado casas y del otro lomita con verde que funciona de muro que divide y crea dos espacio del afuera: sol -sombra, calorcito – humedad, silencio-murmullo. Levanto la mirada y veo dos personas cruzar esa loma; subiendo como a un precipicio, rompiendo la regla de muro, formando un camino en la prohibición. Camino sin perderlos de vista los dos pasan por un cartel que lo leo al revés: ixaM y oiraD. Percibí estar de ese otro lado de las cosas.

Mi cerebro se modificó, me adapté y me ubiqué; creo entender donde estoy: Estación de Avellaneda pero en un sitio que nunca pise que sabía que algo había allí pero nunca pensé en llegar a estar. Decidimos seguir otra indicación de un puestero que nos dijo que la cancha se iba hacia la izquierda (“hacia allá y derecho”). Cruzamos la avenida y saludamos a los otros dos. El ambiente se volvió silencio. Llegamos a una casa. La última construida al borde de las vías. Ese ambiente siesta a mi me recordaba sensaciones de infancia. No tenemos opción de pasar. El cerco por un lado y la casa nos ofrecían sólo una dirección. Empezamos a caminar bordeando las vías con ese cerco- alambrado- muro. Personas sentadas en la vereda. Leyendo, tomando mate o charlando entre sí, es sábado todo es así, todo infla un tiempo de estar “en”. Nosotros nos dirigíamos hacia alguna entrada, a algún acceso hacia el otro lado. Nada aparecía. Solo un alambrado y ligustrinas. El objetivo cancha comenzó a desaparecer ya era sólo la decisión de pasar al otro lado. Llegamos a una encrucijada, varios espacios convergen: puente, escaleras y pastizales. Los autos no pasan, no hay tráfico, todo es calmo. Varias opciones de ruta. Camino de pastizal , escaleras hacia una autopista, bajo nivel con santos. Decidimos subir por la escalera. Un cartel dice Gerli. Me doy cuenta que nunca estuve en Gerli. Caminamos por lo que parece ser la avenida de la zona. Un gran puente al que toda la gente se dirige a cruzarlo parece un éxodo. El puente es rojo y esta oxidado en su frente avisa que está prohibido adelantarse. La gente camina hacia el centro, colas de espera de colectivos, es una avenida principal que conecta con el puente (no me interesa el nombre). Mi mente parece muy calma, cómoda, sin objetivos, no hay un malestar, hay algo que mantiene el movimiento. Al mirar hacia abajo veo las vías que el muro escondía y no podía cruzar. Comprendo nuevamente: este es el puente que veo siempre desde la ventanilla del tren en Avellaneda. Constato las piernas y se que hay molestia pero no me molestan. El mirar se conjuga con el caminar. Todo es imagen movimiento, de pronto estamos en un cine antiguo que próximamente será remodelado. Creo que así, esta perfecto, entre su deterioro y su aviso de un futuro mejor. La ciudad tiene espacios que tuvieron su momento de esplendor. Todo está en un uno. Todo la ciudad está en un uno que camina.

Estoy en una especie de procesión, aligero el paso veo una imagen conocida, quiero ver mas de cerca y entiendo, es una feria. Siete cuadras de feria. Olor a pescado, venta de animales, puesteros que se insultan y otros que bromean, señoras con bolsas de mandado y chancletas. No hay turismo, hay necesidad de comprar. Las con turno aparecen. Necesito ingresar a una cuadra en silencio. Miro hacia atrás y mi compañero me hace señas, me aleje como tres cuadras. Lo espero, siento que parar me hace molestar mas las piernas. Veo un auto robado o abandonado (la primer palabra robado me vino no se de donde) está debajo de un naranjo. En su capó está lleno de naranjas; están fermentando en la chapa. Mi compañero llega y me dice que no me pudo seguir el paso. La cuadra tiene una enorme fábrica que abarca toda la cuadra. Le pago a grafiteros para que hagan su obra. Frida khalo, dos perros con bandana y una mujer marciana se exponen hacia las demás casas y yo. Más adelante el ladrido de un perro en un balcón hizo que algo se moviera en mis sensaciones. Saque la cámara y le saque una foto seguimos caminando y luego de varios minutos un auto frena delante nuestro y nos pregunta qué estábamos haciendo. Reconocí la situación (pensó que estábamos planeando algún delito). Se lo veía enojado luego se presentó como oficial y me seguía preguntando que hacia. Me sentí descolocado para responderle que estaba haciendo un proyecto artístico, solo atine a decirle que saqué una foto para mi instagram, y le pedi la identificación de oficial, el hombre me miró serio y se subió al auto y se marchó. El horario comienza llegar a su fin: 5 horas de caminata cumplidas. Terminamos en Wilde comiendo medialunas y café en la calle. ¿Cómo hacer para llegar al sur? (otra opción)

Caminamos bastante en línea recta, por momentos nos desviamos una cuadra para dejar de escuchar el ruido de la avenida. La caminata se vuelve automática, silenciosa, hasta donde podemos ver sigue la avenida. Hay muchas gomerías y negocios de autos mezclados con algún que otro lugar de comida al paso. Seguimos caminando. Entramos en una especie de estado onírico, las cosas parecen distantes, aunque estén cerca. Yo me distraigo mucho mirando el color de los edificios, las construcciones, la forma en que rebota la luz. De a poco emergen algunos comercios, negocios de ropa, kioscos, etc. Nosotros seguimos en una frecuencia extra cotidiana por eso no nos sorprendemos cuando vemos a una señora haciendo pis en la puerta del Banco Provincia rodeada de gente. Nos detenemos y la observamos limpiarse y cargar una botellita de agua para limpiar la vereda. Comentamos que nos sentimos en una película, como si nuestros pasos fueran una cinta que corre animando las imágenes.

Decidimos volver a preguntar a un desconocido cómo ir al sur. Entramos a una panadería y nos indica seguir por la calle Rosales y nos dicen que hay que hacer un “martillito” para llegar. Hacemos las indicaciones y llegamos a una plaza que dice ESCALADA. Me doy cuenta que nunca había estado en Escalada, sólo había visto alguna vez el cartel del lugar desde el tren Roca.Ya estamos cansados, elegimos las veredas más tranquilas y cálidas para caminar. Las casas, los árboles, las calles, se perciben tranquilas con algunas personas lavando sus autos o saludando a familiares, pero en general no vemos demasiado movimiento. Nuestro recorrido termina cuando a la hora pautada, a eso de las 16 Hs, decidimos terminar la caminata. Las calles que dan cierre al recorrido son Godoy Cruz y Acevedo, Banfield, Municipio de Lomas de Zamora. Salir de escena seguirá realizándose en el tiempo con ejercicios del caminar y de salir de lugares a lugares otros. Pensándose a sí mismo como un proyecto de escritura en el mapa y volviéndose a pensar como un camino que trata de escribir lo real.

Agradecemos a La Sede, Festival LODO y del Mayo francés al Noviembre Global. 

Caro Guille y Ana