Francisco Garamona: una aventura compartida

Se pueden decir muchas cosas sobre las intensidades que aparecen en las formas del arte que Garamona habita: como poeta o músico, pero también como editor, librero y coleccionista (…de libros). Se pueden decir muchas cosas, decía, pero quiero señalar un brillo que se repite: todas son una aventura que nos comparte.

Por ejemplo, en sus poemas. Publicados en más de veinte libros (desde Parafern, 2000, hasta Odio la poesía objetivista, 2016), quien escribe es un yo que es o está con otro y en ese encuentro fabrica un espacio, como una pequeña historia luminosa, mutante. Ahí, nos rodeamos de escenas donde hay dos (o más), como en esta de su primer libro: “En un jardín hundido por el peso/ de las mazorqueras ella me dijo/ otra vez su nombre, algo como/ el ala extraviada de una novia/ en la seda…”. Por Victoria Cóccaro

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Para Francisco, la escritura es hacer una marca. Una marca que figura un recuerdo o una sensación junto a esos “otros” que habitan los poemas y significan el afecto, una marca  que entonces es atesorada por el poeta y por el lector, que inscribe allí su propia emoción. Me parece que no es casual que el acto de hacer una marca sea algo que reaparece en sus poema, como en este recién publicado: “Dibujó unos rayos/ en la entrada de una gruta,/ los hizo raspando un hierro/ la dura superficie de piedra,/ tardó días, semanas incluso,/ eran hermosos, con grietas que marcaban/ cada milímetro de profundidad”; o en este otro de Esculturas topiarias del 2006, donde la marca es más bien un trabajo dorado sobre la marca: “Y las paredes casi derruidas que cobijaban obras/ mostraban su estructura de ladrillos calcinada/ donde aplicaste vetas de oro en cada grieta/ para indicar la transformación a la que/ estaba sometido ese mundo personal”.

¿Qué es este hacer una marca o trabajar sobre la marca? Esto es lo que tenemos, parece decir Garamona, impresiones en la carne del recuerdo, “acumulaciones de colores estallados,/ ramas de pinos que parecían brazos/ señalando la aventura que pudo cifrarse/ en los detalles…”. Recordar, entonces, es donde pasado y presente se reinscriben a través de los afectos.

Poemas recuerdos fantasmas como rocas rayadas de sensación.

La sensación funciona como verdad: la aproximación al “objeto” es a través de capas de intensidad contingentes (una escena no está predeterminada) que vienen y van como los fantasmas que recorren los poemas, (“Ver el pasado histórico, fantasma/ en el presente…”2000), fantasmas invitados a esta fiesta del presente que el poeta convida:  “Le doy a tu fantasma agua de mi cantimplora/ y lo invoco para que haga algo que lo alegre” (2016).

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En la escritura de Garamona, la rememoración no ocurre sin creación, alucinaciones a partir de marcas,  allí donde la invención se vuelve una forma de (auto)conocimiento: “…Las cuchillas del trineo/ retrocediendo sobre las piedras/ y esas marcas que quedaron tal vez sirvan/ a este modo indicativo de narrar”. La experiencia y la vida se ofrece llena de misterio (“Pienso en que todos desconocemos/ los secretos del universo”) y eso es un motivo que el poeta celebra, quien canta tal como describe a este personaje: “Marcela se frotó los labios/ con una raíz alucínogena,/ y de la noche bajaron/ los desiertos del sonido”. El canto es el rodeo de la invención para llegar a una verdad. Pero ese rodeo, paseo, recorrido, Garamona lo hace acompañado y luego, también, nos invita a compartirlo.

Por eso, decía, en este universo los amigos, ella, él, un mendigo, extraterrestres, etc. -los otros del yo- funcionan como unidad de medida de la vida ya que confirman su permanencia perseverante, aseguran un futuro y un hábitat para los hijos, (“si yo estoy vivo/ y también todos mis amigos/ ¿por qué no van a estar vivos/ los hijos que yo engendré?). La poesía es el lugar donde habitan los amigos, donde convertimos en verdad la sensación, donde encontramos el presente -y sus fantasmas- junto al misterio, donde ocurre el encuentro, es decir, todo lo que nos asegura la supervivencia.
descargaPara precisar este movimiento, una vez más. Yo con otro (escenas de a dos o más) con otro (lector): la emoción es figurada en primer lugar a través de ese “ella”, “él” o bien “mis amigos”, “un mendigo”, entre otros que habitan con el “yo”; y luego, es significada también por nosotros, lectores, en nuestro afecto. Y este último impacto que tienen sus poemas no lo refiero solo a título personal: en la contratapa de su último libro parece que algo de esta afectividad y emoción activa esa elocuente efusividad que Roberto Jacoby manifiesta: “estos treintaycinco poemas son de la reconcha de la lora y quien no los lea es un gato gil cagón y recontraputo”. Pero deberíamos decir más bien conmoción: eso que nos toca cuando leemos un poema, esa afección que nos con-mueve retumbando en el interior del cuerpo, esa capacidad de ser afectados que Garamona produce y producirá en tantos “ojos húmedos que leerán estos versos todavía”, como Jacoby termina diciendo.

 

Si por todo esto, lo que activa como poeta es una aventura compartida (no voy a justificar que esto mismo ocurre en su música porque con solo citar Los sentimientos, el título de su último disco, ya puede confirmarse la relevancia de los afectos como lugar de encuentro y creación; tampoco voy a explicar que esto pasa en el riquísimo espiral de autores latinoamericanos que Mansalva nos acerca, hace conocer e insiste en abrir y ampliar; ni voy a contar la lista de primeras ediciones y poetas recónditos que Francisco me acercó alguna vez); el que nos comparta, entonces, la aventura de su lectura en Mi bibliografía, será, me parece, un poema más.

Para ser parte de este nuevo poema, los esperamos el jueves 19, a las 19.30hs. en La Sede (Acevedo 1182). Y después hasta julio quedarán en la biblioteca los libros, vestigios de este poema, que podrán venir a usar, leer, mirar, consultar.

Por Victoria Cóccaro, encargada del Área Literatura

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