La pantalla que sueña

A propósito de la proyección del último film Surviving Life del director checoslovaco Jan Svankmajer , estrenado en 2010, Luis Alberto Pescara comparte interesantes reflexiones acerca del vínculo entre el cine y los sueños, desde las vanguardias hasta hoy. El domingo 28 de agosto a las 19hs, con entrada sin costo y barra amiga, se proyectará esta nueva película en el marco del ciclo de cine. Surviving-life

En su ensayo Experiencia y pobreza de 1933 Walter Benjamin hizo una audaz lectura sobre su época y quienes la transitaban. “Al cansancio le sigue el sueño y no es raro, por lo tanto, que el ensueño indemnice de la tristeza y del cansancio del día, mostrando realizada esa existencia enteramente simple, pero enteramente grandiosa, para la que faltan fuerzas en la vigilia”. Luego el filósofo postula al ratón Mickey como el “ensueño de los hombres actuales”, considerándolo un punto de fuga frente a las complicaciones de cada día. Paralelamente Hollywood, la mayor industria cinematográfica del mundo, se ganaba el mote de “la fábrica de sueños”.

Las comparaciones entre el cine y los sueños son muchas, llegando desde los más variados sectores estéticos e ideológicos. No es casual que el desarrollo de artefactos que captaban imágenes en movimiento coincidió con el afianzamiento de la psicología como disciplina masiva a comienzos del siglo XX. El cine puso a los seres humanos en una situación novedosa y aterradora: todo aquello que siempre habitó en su imaginación por primera vez se podía representar de una manera realista, sin los límites formales de la literatura, la pintura o el teatro. Esto generó analogías entro lo onírico y la creación de películas. Finalmente las vanguardias de los años 20’ y 30’, como el expresionismo, el dadaísmo y el surrealismo, hicieron explícita su intención de expresarse a través del “lenguaje de los sueños”.

Jan Svankmajer se autodefine como surrealista. Nacido en 1934, pasó por varias experiencias teatrales antes de acercarse al cine y unirse al Grupo Surrealista Checoslovaco que funcionaba en Praga desde la década del 30’. Sus primeros cortometrajes – desde “The Last Trick (1964) hasta “Jabberwocky” (1971) – ya muestran su maestría en técnicas de animación como stop motion, claymation y pixelation. Esta etapa coincide con el surgimiento de la Nova Vlná, el movimiento cinematográfico de vanguardia que reaccionó contra el realismo socialista impuesto desde Moscú en el país. Aquel periodo de apertura sufrió un duro golpe cuando los tanques soviéticos entraron en Praga en 1968 y muchos realizadores se exiliaron, mientras que los que se quedaron debieron enfrentarse constantemente a la censura comunista.

Este entorno adverso no evitó que Svankmajer se transformara en uno de los cineastas más respetados del mundo, con colegas como Terry Gilliam y Tim Burton expresando su admiración. Trabajos de enorme originalidad como “Dimension of Dialogue”, “Meat Love” y “The Dead of Stalinism in Bohemia” dejan en claro sus obsesiones: la infancia, la comida, el erotismo y los sueños. Ellas también aparecen en sus largometrajes, en donde combina la animación con acción real, logrando un resultado hipnótico y delirante. Su primer largo fue “Alice” (1988), una oscura adaptación del clásico de Lewis Carroll, demostrando que su universo recoge influencias tanto literarias (Poe, Sade, Kafka) como pictóricas (El Bosco, Arcimboldo, Magritte). Esa voracidad creadora llega a su máxima expresión en “Surviving Life” (2010), su última película hasta la fecha.

Svankmajer1El título original del film es  Přežít svůj život, que literalmente significa ‘teoría y práctica’. Se trata de una frase de uso común en República Checa para señalar el grado de coherencia que hay entre lo que una persona postula y lo que hace realmente con su vida. Y este es el principal dilema al que se enfrentan los protagonistas de la historia, quienes descubren que sus experiencias oníricas son más intensas que la realidad ¿Qué camino elegir? En el medio hay un matrimonio en crisis, ranas y gallinas invadiendo la ciudad, vouyerismo y una sesión de psicoanálisis en la que Sigmund Freud y Carl Jung discuten desde los cuadros del consultorio. Una imaginería exuberante que divierte e incomoda por partes iguales. 

 “Por desgracia, nuestra civilización no tiene tiempo para los sueños. No hay dinero en ellos” afirmó Jan Svankmajer al presentar Surviving Life. Si Walter Benjamin señaló que las criaturas de Disney eran lo más parecido a un ensueño colectivo para el hombre contemporáneo, el realizador checo crea una ficción que directamente invita al espectador a abandonar la realidad con impredecibles resultados. Otro desafío de un creador inagotable que, con 81 años, sigue exhibiendo un asombroso sentido de la transgresión. 

por Luis Alberto Pescara 

Escribinos