Esta pandemia me ha hecho reflexionar sobre mi arte y su función social. Las redes sociales nos obligan a entrar en el juego de las definiciones y las categorías. Por eso en esta pandemia me propongo crear sin sentir a mi arte como una imposición autoimpuesta de definirme, de categorizarme, de rotularme, de delimitarme y darme forma sino como la oportunidad del encuentro. Del encuentro, de la sintonía, de la armonía tanto interna como externa, la oportunidad como impulso y motor. La sensibilidad de escuchar las oportunidades y honrarlas en tiempo real. El arte como la emoción de la sensación en estado de oportunidad y la consecuente percepción del encuentro en forma de diálogo y sistema de retroalimentación. El hecho artístico no es un hecho si no hay encuentro pero los encuentros pueden ser a distancia, pueden ser internos, pueden ser sólo entre cuerpos o sólo entre pensamientos. Cuando se produce ese encuentro yo lo llamo amistad porque inmediatamente siento una invitación al juego y eso me dan ganas de volver a encontrarme. Eso es para mi el arte. Encontrarnos a jugar con la realidad. A materializar realidades posibles, a esfumarlas, a hacerlas viajar por el espacio, a observarlas, a dejar que entren en mi cuerpo, a escribir sobre eso, a compartir todo eso, escuchar el vacío de lo que se fue y lo que quedó. Y luego volver a perderme entre las olas de mis pensamientos sabiendo que otro encuentro me puede sorprender y volver a cambiar de dirección. Ese estado inestable y cambiante del ser es lo que para mi es el arte y lo siento como algo caótico e inabordable por eso no siempre llego a materializarlo. Pero cuando lo logro es casi como un triunfo sobre mi misma, sobre mis imposibilidades, mis miedos, mis prejuicios sobre mi misma y sobre mis prejuicios sobre los otros. Ese triunfo también es el arte para mi porque sino no me explico para que estamos acá viviendo si no hay nada por aprender.   

Jula Castro