Nuevos contratos

A comienzos del siglo pasado, las vanguardias artísticas se presentaban socialmente con un manifiesto que exponía su ruptura con esa sociedad a la que afirmaban ya no pertenecer. Por el contrario, en la actualidad, el intento de varios proyectos artísticos es el de proponer un nuevo pacto o contrato que enlace a los individuos con una causa presente. En el marco del ciclo de presentaciones de la Antología de Argumentos Teatrales, publicada por Editorial Libretto, este viernes 16 de septiembre a las 19.30hs se conversará de la obra CMN SNS PRJT, de Laura Kalauz y Martin Schick, con la presencia de la autora acompañada por Maximiliano de la Puente e Ignacio González.

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Este abordaje del contrato, figura ficcional y momento clave del argumento político en la fundación de las sociedades modernas, se realiza a través de otra figura clásica de puesta en escena de lo público: la plaza.

Estos proyectos artísticos se emplazan tanto dentro como fuera de las salas con el objetivo de conformar una plaza, foro o asamblea donde discutir problemas. La elaboración de esos problemas y el ejercicio de su puesta en común —y ya no “puesta en escena”— trabajan en la creación de una comunidad alrededor de un asunto. Su emplazamiento provoca a la vez el empoderamiento de los que se incorporan al colectivo. Aparecen así desacuerdos o litigios que traen la necesidad de crear nuevos pactos y otras formas de intercambio.

Según la crítica de arte norteamericana Claire Bishop, la performance contemporánea no necesariamente privilegia la acción en vivo o el cuerpo del artista. Se implica, en cambio, en numerosas estrategias mediadoras que incluyen la delegación, la repetición, la recreación y —tal vez lo más controvertido— el compromiso con el mercado. CMN SNS PJT es un proyecto que bien podría dar cuenta de esta idea de performance delegada.

El proyecto plantea su propia política y condiciones de conservación y de movimiento en el circuito de la economía cultural. A través de la forma de la subasta, la obra se remata en escena. Contiene el momento de venderse a sí misma, poniendo en juego la capacidad de contratar del público y los valores que sostienen sus intercambios. Sus acciones se vuelven transacciones.

Esto permite, por un lado, revisar las condiciones de la escena luego de su autonomía en cuanto a que esta se abre y participa directamente en las demás esferas humanas: mercado, derecho, discursos políticos y estéticos. Y, por otro lado, posibilita abordar la coreografía de lo cotidiano al mostrar los contratos que regulan y determinan las interacciones, intercambios y vínculos sociales.


 

Sobre el Vol. III CIRCUITOS Y CIRCULACIÓN

AntologEn este tercer volumen, nos interesa presentar lo que sucede luego del afianzamiento y el crecimiento de las asociaciones, redes y vínculos entre pares. Circuitos y circulaciones remite a su desarrollo en la coordinación de  actividades conjuntas de mayor dimensión, como ferias, festivales y leyes. Luego de la descentralización del acontecer artístico y posterior reunión focal en centros culturales y nuevas asociaciones artísticas (salas, editoriales, galerías independientes, plataformas), se inauguran circuitos alternativos. Por ellos transitan las obras, proyectos, artistas y estudios, que van dando contorno a la formación de colectivos. El crecimiento de estos nuevos sujetos y su experiencia en la autogestión, los acercan al tratamiento y pensamiento de lo común. Sus cuerpos se mueven y se reconocen en el ejercicio de acuerdos y desacuerdos para pensar y defender valores que comparten y los diferencian tanto del mercado como de ciertas políticas culturales estatales. Comienzan entonces a saberse parte fundamental de la dinámica cultural, proponen festivales, ciclos,  líneas curatoriales y programaciones. Se ubican y toman una posición dentro de este panorama hasta el punto de no aceptar la clandestinidad. Trabajan organizadamente para adquirir la legalidad a través de la creación y sanción de una figura legal, la Ley de Centros Culturales, que reconoce la particularidad de tamaño, forma y funcionamiento de estos nuevos espacios.

Al mismo tiempo que, abierto e instalado el diálogo y el trabajo entre pares, comienza a incorporarse también al público en la elaboración conjunta de lo común cultural. El otro ya no queda afuera como público privado de sus capacidades de intervenir más allá de la contemplación, sino que está en iguales condiciones de participar. Los proyectos artísticos trabajan y atienden ciertas prácticas de integración del otro.  Se ensaya un pasaje de la acción a la interacción y la inclusión en los procesos de selección y de decisión colectiva a través de instrucciones o reglas compartidas. El espacio de espectacularización se transforma en un territorio de especulación conjunta. El desplazamiento de la atención del texto al contexto permite salir de los límites de las salas y transformar a la ciudad en el nuevo escenario de acciones.

 

El conjunto de todas estas transformaciones conduce a una lógica nueva, que no supone poner el cuerpo y una épica de la resistencia como en los años sesenta, sino a una estrategia de “estar puestos”. Es decir: saberse implicado y tener un puesto, una posición tomada en la cultura forjada a través de la participación en colectivos. Los proyectos plantean su propia política y economía, condiciones de movimiento y de conservación. Se trata de un cuerpo que, además de saberse escénico, se sabe sujeto de derechos, factor que interviene y participa decisivamente en la cultura. Su posición en esta se presenta como una alternativa, esto es, una oscilación, trabajo y negociación que se desplaza constantemente en el diálogo y desacuerdo con el mercado y el Estado.

 


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