Paridas

Del 14 al 20 de Mayo tuvo lugar la Semana Mundial del Parto Respetado. Durante esta semana se hicieron en varios países diferentes actividades para promover los derechos de (p)madres y niñxs en el momento del nacimiento*. Desde el Área de Crianza de La Sede participamos con una lectura de Relatos de Partos a cargo del grupo de mamás escritoras que vienen reuniéndose en La Sede desde el año pasado junto con sus niñxs a escribir, leer y corregir, poniéndole palabras a la mudez del puerperio y generando un espacio-tiempo en dónde compartir arte y crianza con otrxs.

Compartimos aquí algunos fragmentos de estos relatos que incluyen cesáreas, partos en casas y partos en clínicas.

Listo, llegamos al punto de no retorno, llegó el momento, me la tengo que bancar, este es el momento del que todas las madres hablan. ¿Querías un hijo? Tomá, bancátela. Sos mujer, a parir. Me acuestan en la camilla y me llevan al quirófano. Entramos a un ascensor. Veo el techo y las luces del hospital pasar a mucha velocidad. Pienso que eso me va a servir si algún día hago algún personaje al que lo tienen que internar. Me pregunto qué necesidad teníamos Marcos y yo de meternos en semejante quilombo. Tengo miedo hasta el cielo. Pienso que mi mamá y mi papá no saben que estoy ahí, y me siento como una niña haciendo algo a escondidas. Espero no morirme.

 

Estoy en una contracción y de repente…. Aaaaaaaa. Siento que me abro, siento que mi vulva se expande, siento un vacío en el estómago y una fuerza que viene de adentro y que va hacia abajo. Esto se llama pujar. Y es muy distinto a como me lo había imaginado. Es fuerza involuntaria que sale de músculos con los que no sé hacer fuerza si quiero. Es una fuerza que no puedo controlar aunque quisiera. Esto es una fiesta.

 

Me encanta. Me siento una deportista a punto de llegar a la meta, o mejor: una mujer a punto de parir. Lo soy. Juan atrás. No lo veo, pero lo siento, mucho lo siento. Está atrás mío, conmigo, me agarra, me sostiene, me contiene.

 

La partera con lentes de secretaria coqueta me gritaba, “Lo estas haciendo todo mal, Tijana, así no se puja! No se puja desde el cuello sino desde la vagina!” A esas alturas no sabía yo la diferencia entre cuello y vagina y caca y sangre y tu cuerpo y el mío. Estaba concentrada en escuchar algo—no sabía bien que—que no se lograba distinguir entre el ruido de los gritos, las luces fluorescentes, el goteo de Picotin. Cerré los ojos y me fui siguiendo ese susurro hasta perder de la vista a los médicos rodeándome, a Guido preocupado, a mis piernas bien abiertas.

 

Hay una pelela abajo mío que no se qué tiene. Me tocan, me hacen cosas. Pierdo la noción del tamaño de mi vagina. Soy como una cueva por donde va a salir un animal. La obstetra, la partera, la enfermera, la practicante, todas rodean la entrada de la cueva. Gonza con su cofia y su sonrisa dibujada es el gato de Cheshire, una cabeza como una luna en el cielo que mira todo.

 

Mirala nacer, dice la obstetra. Me reclino apenas y la veo. Sale de adentro mío. Dios mío. Sale de adentro mío. Es gris y viscosa, un molusco que se mueve, se mueve, llora, llora. Le digo hola, hola, hola, hola, hola, hola, hola, hola.”

 

Así estaba, lejos de mi cuerpo, cuando llamaron al médico de hombros anchos y dedos gruesos para empujarme el vientre. Estaba lejos de vos cuando sacaron las tijeras. Me cortaron, te sacaron, y te llevaron, y yo todavía andaba en el pasado, buscando un rinconcito oscuro para parirte.

 

Sale la mitad de la cabeza; el ardor es enorme. Siento que si pujo sin contracción me voy a lastimar. Así que “decido” esperar la siguiente contracción. ¿Quizás 3 segundos? Lo más largos y ardientes de mi vida. Contracción, pujo y la bebé sale disparada con una fuerza que nunca imaginé.

 

Y de pronto, silencio. Ella flota en el agua, boca abajo. La partera me pregunta si la quiero agarrar. -Hacé lo que quieras- le digo. No puedo más. Parí hace un segundo, necesito tres más aunque sea para recuperarme. La partera entonces, intenta agarrarla; se le resbala y bebé, que con ojos abiertos abajo del agua sigue nadando, agarra el dedo de la partera. “Me agarró el dedo”- dice sorprendida. La toma y me la da. Está acá presente en mi pecho, blanda, arrugada, mojada, hermosa. Saca moco y cosas por la nariz. No llora; mira todo con ojos enormes, recién estrenados.

 

Tiene ojos azules. Los ojos de los bebés son un mar en el que ellos mismos están viajando todavía, desde su vida anterior.

 

 “Es un bebé de verdad” dice Javi. Y siento lo mismo. La panza y la idea del bebé distan mucho de esta realidad, de este ser humano que acaba de salir de adentro mío, que se mueve, que hace ruiditos, que tiene ojos, piel y una vida por delante.

 

Pienso que lo ideal sería no necesitar escribir y el ideal se rompe en mis ojos cada vez que la ven. Pérdidas de sangre. Y muchas pérdidas más. Perdidas. Me deprime aprender tanto. Quiero escribir una lista de afirmaciones que cambien mañana y vuelvan a cambiar ¿Esto era ser mamá? Verla y amarla. Sí, me pasó. Y también sentí que soy la peor. Y eso que voy un día. Un día de mamá.

 

* En Argentina existe una ley que vela por el parto respetado: la Ley Parto Humanizado Nº25.929. Pueden leer sobre ella aquí: http://www.msal.gob.ar/index.php/contacto/354-parto-respetado