Postales intimistas de la guerra

La guerra es un espectáculo en sí misma, ya que el despliegue de ejércitos, estrategias y armamentos viene a reemplazar a las naciones participantes en el conflicto. “Flandres” (2006) de Bruno Dumont, película intimista y brutal al mismo tiempo, ofrece una oportunidad única para pensar la guerra desde un lugar distinto. Y propone una buena forma de alejarse del imperio del espectáculo permanente. Su director reduce las imágenes bélicas a lo mínimo posible. Esta historia sobre un triángulo amoroso entre jóvenes de provincia cobra un giro inusual lejos del pueblo que le da nombre al film, cuando los dos muchachos participan de una guerra en un lugar no identificado de Medio Oriente. Se proyecta de forma gratuita el domingo 26 de Junio a las 19hs, en un ciclo mensual organizado por Luis Alberto Pescara.
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En su influyente ensayo “La sociedad del espectáculo” Guy Debord analiza el proceso por el cual, en la sociedad contemporánea, la realidad es reemplazada por su representación espectacular. Esto vendría a significar un estadio último de las teorías de Marx sobre la mercantilización de la vida social, donde esta ya no solo se desarrolla mediante el intercambio de mercancías, si no que se asume como mercancía. Lo cotidiano es reemplazado por imágenes que cobran una corporalidad más fuerte que la realidad que las originó. Lentamente la identificación pasiva con estas imágenes ha reemplazado a la acción genuina en la vida de la gente. Al tratarse de un texto originalmente editado en 1967 su contenido suena inevitablemente profético, teniendo en cuenta como – Internet mediante – la virtualidad ha copado nuestras vidas en la actualidad.

La guerra es un espectáculo en sí misma, ya que el despliegue de ejércitos, estrategias y armamentos viene a reemplazar a las naciones participantes en el conflicto. Desde la antigüedad los hombres se pintaron, se vistieron y se organizaron detrás de banderas y estandartes para enfrentarse a otros que habían hecho lo mismo, haciendo de cada batalla un choque de símbolos. Durante el siglo XX, gracias a la posibilidad tecnológica de reproducir imágenes de manera masiva, la guerra vio multiplicado su carácter espectacular, el cual hoy puede apreciarse desde la comodidad del hogar.

El cine no escapó a esta regla y casi siempre puso énfasis en la acción estruendosa, en el golpe de efecto truculento, en el ataque a los sentidos que todo conflicto bélico encierra. En el medio de tanta contundencia audiovisual el factor humano siempre corre el riesgo de pasar desapercibido. Y cuando se busca retratar las consecuencias de la guerra sobre los individuos muchas veces se cae en el formato televisivo del drama “basado en hechos reales” o en la anécdota heroica edificante. Hay excepciones como el clásico “El francotirador” (1978) de Michael Cimino, que cuenta el impacto que la guerra de Vietnam tiene sobre una pequeña comunidad de obreros del acero de Pennsylvania, contrastando la parsimonia de la vida cotidiana de los protagonistas con la violencia de los segmentos bélicos.

Una intención similar es la planteada por Bruno Dumont en “Flandres” (2006) reduciendo las imágenes bélicas a lo mínimo posible. El resultado es igualmente impactante, pero subterráneo y de largo alcance, fiel al estilo narrativo del realizador francés. Al igual que en “Humanité” (1999) y “Hadewijch” (2009) el director acorrala al espectador sin que este lo advierta, exponiendo sus contradictorias criaturas desde cierta distancia antes de golpear con contundencia y resignificar todo lo expuesto. Esta historia sobre un triángulo amoroso entre jóvenes de provincia cobra un giro inusual lejos del pueblo que le da nombre al film, cuando los dos muchachos participan de una guerra en un lugar no identificado de Medio Oriente. Todas las sensaciones contenidas, todas las palabras no dichas hasta entonces, adquieren una nueva dimensión y las batallas internas de los personajes serán tan cruentas como las de aquella guerra que los afectó.

Algunos críticos suelen agrupar a Bruno Dumont dentro del “cinema du corps”, un movimiento que incluye a otros cineastas galos como Claire Denis, Gaspar Noé y Francois Ozon y que se caracteriza por considerar a los cuerpos como territorio cinematográfico. Si bien comparte con los realizadores citados una estilización visual evidente, Dumont no busca premeditadamente el shock y prefiere un tono medido en el que la tensión está siempre latente. “Flandres”, película intimista y brutal al mismo tiempo, ofrece una oportunidad única para pensar la guerra desde un lugar distinto. Y propone una buena forma de alejarse del imperio del espectáculo permanente.

Por Luis Alberto Pescara

Proyección gratuita. Domingo 26 de Junio a las 19hs

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