Rosario Bléfari: el nombre de tu nombre

Luego de la visita de Francisco Garamona a Mi Bibliografía, un ciclo donde cada invitado/a elige cinco libros de su biblioteca para conversar, tenemos la buena fortuna y alegría de contar este jueves 23 de Junio a las 20hs con las lecturas de la poeta, cantante y actriz Rosario Bléfari. ¿Qué libros traerá? Nuestra encargada del área de Literatura, Victoria Cóccaro, confiesa en este texto la costumbre que tenemos varios de contar a Rosario entre nuestros amigos, aún sin haberla conocido.

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A Rosario me la trajo el amor. Un otoño de hace seis años estaba yo conociendo a alguien que me copiaba un disco de Rosario cada vez que nos veíamos. Entre encuentro y encuentro por el barrio, ya que vivíamos a catorce cuadras y las visitas eran cuasi “accidentales” entre la frescura, lo espontáneo y el misterio, me pasaba escuchando el nuevo disco que llegaba a mis días. Como me dijo una amiga el sábado pasado, cuando estás enamorada te parece que todas las canciones hablan de eso. El hecho es que la voz de Rosario era para mí una forma de medir el tiempo entre visita y visita. Un disco: cinco días, catorce cuadras, dos llamadas. Y así Rosario empezó a nombrar: el chispazo de una conversación que guarda refulgente la memoria, una forma liviana de darse vuelta para mirar, otra, de quedarse parada estudiando el movimiento de sus manos, alguna extraña velocidad al caminar o esa manera de elegir las verduras. Por la costumbre de verte, me empezó a gustar tu suerte y tu vida, demasiado cerca de la mía…, Rosario cantaba en el tema “Estaciones” (del disco solista que se llama igual, del 2004), y es cierto que el nombre que nos ponía era preciso, porque catorce cuadras no es lejos, pero sobre todo porque en ese nombre, además de referir, nos acercaba.

Cerca. Creo que esta es una palabra justa para Rosario. De algún modo, siempre demasiado cerca. Tengo la impresión que muchas veces hablamos con mis amigos de Rosario como si fuera una amiga más, y la llamamos así, por el nombre.

 

Hace unos días estuve de viaje en Rosario -Santa Fe- por trabajo y amistad, con un grupo de colegas brillantes. Un mediodía de sol que fuimos a almorzar al río, busqué en el youtube de mi celular la canción, luminosa como ese cielo de junio, “Río Paraná” (Excursiones, 2000) y junto a Suárez la voz de Rosario se hizo presente otra vez para nombrar, en ese momento, esa otra forma del amor que es la amistad. Sigo remontando río arriba en un barco que en la proa lleva el nombre de tu nombre, río Paraná. Ahora recuerdo, con esta misma canción pero cuatro años atrás, nombramos la llegada a esa ciudad del primer viaje que hicimos en auto cinco amigos entrañables. Así, Rosario nos va poniendo nombres. Y tanto es así que hasta puede ponerle un nombre al río, porque el nombre que le pone es más bien la presencia de su voz: la que como el viento que atraviesa la superficie de las cosas o el flujo del agua del Paraná -que es siempre el mismo pero diferente- está en movimiento y no deja sin huella lo que toca, como dice esa prosa de Ponge que tradujo Borges:

“Más abajo que yo, siempre más abajo que yo, está el agua. Siempre la miro con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo.

Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso; y dispone de medios excepcionales para satisfacer este vicio: contornea, atraviesa, corroe, se infiltra.

(…) me deja huellas en las manos, manchas que tardan relativamente mucho en desaparecer o que tengo que secar. Se me escapa, y sin embargo me marca; y poca cosa puedo hacer en contra.”

Nombres para el amor en la voz de Rosario, que cada tanto viene, nos arrasa o inunda con una canción, con un poema. Poco podemos hacer, se nos escapa y nos marca.

 

Martes 14 de junio 2016.-

Por Victoria Cóccaro


 

Rosario Bléfari fue la líder de la banda de rock y pop experimental y alternativo, Suárez, hoy de culto y referencia para muchas generaciones. Con Suárez editó cuatro discos: Hora de no ver (1994), Horrible (1995), Galope (1996), Excursiones (1999), 29:09:00 (2000) y La colección (2005). Luego continuó su búsqueda musical como solista y editó los discos: Cara (2002), Estaciones (2004), Misterio Relámpago (2006), Versiones Relámpago (2006), Calendario (2008), Privilegio (2008). También es poeta y publicó dos poemarios: Poemas en prosa (Belleza y Felicidad, 2002) y La música equivocada (Mansalva, 2009). Como actriz participó en varias obras de teatro y más de diez películas, entre ellas, Silvia Prieto (1998).

 

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