¿Qué deja el movimiento cuando pasa?

En la pasada Jam de movimiento #2, Maia Pedroncini, artista y coreógrafa, diseñó un dispositivo de encuentro para improvisar sobre la vulnerabilidad en el cuerpo. Tema que desarrolla en su obra Svell, ensayo sobre la vulnerabilidad. Compartimos un relato en primera persona sobre esa experiencia, lo transitado, lo pensado y lo inventado.

vulner

Empiezo. Quiero hablar de algo, de lo vulnerable, quiero hablar de algo prelinguístico, de un estado que subyace en el cuerpo, en los cuerpos. Quisiera poder transmitir esto, voy a intentarlo. Voy a leer frases.

Introduzco.

-Bienvenidos, gracias por venir.

La vulnerabilidad es algo que está en el cuerpo, lo veo como un estado previo a toda forma (a adoptar una forma) en el que somos excesivamente vulnerables, desbordamos de vulnerabilidad. Ella nos dispone en el suelo antes de bailar. En cierto sentido ella está en ese grado cero de movimiento y a medida que nos empezamos a mover, vamos ganando cierta fortaleza…pienso: ¿fortaleza?. La vulnerabilidad, sin embargo está ahí. Y acá me gustaría llamar a dos tipos de vulnerabilidad: la física. Mi cuerpo es frágil, se puede luxar, desgarrar, quebrar, quemar, raspar, etc.

Y la vulnerabilidad frente al otro.

Leo: Dice Bajtim, “el otro es la primera realidad con la que nos encontramos en el mundo, cuyo centro, naturalmente, es el yo, y todos los demás son otros para mí. Percibimos este mundo mediante una óptica triple generada por mis actos llevados a cabo en presencia del otro: yo-para-otro, otro-para-mi. yo-para-mi.

Esta Jam fue estructurada respecto a esta última, nos interesa ver qué es lo que pasa con el cuerpo en movimiento ofrecido sin reservas al otro. Por lo tanto y gracias a las categorías de Bajtím “yo-para-mi”, “yo-para-otro” y “otro-para-mi” se configuraron tres momentos que vamos a transitar y habitar con movimiento en los cuales la posibilidad de hacer tiene casi el mismo valor que el mirar ya que el mirar viene a ser un mirar inmerso, un mirar que se involucra, piensa y manifiesta.

Esto no es una obra espontánea aunque bien podría serlo. Pero es una Jam, pero una Jam con un tema de investigación, una Jam para moverse,  para pensar y mover también el pensamiento.

“Yo para mi”

El primer momento es individual, luces bajas. Me tomo este momento para encontrar este estado preexpresivo que es anterior a toda forma.

Leo: ¿Qué es?, un pálpito constante, una voluntad de supervivencia, un temblor imperceptible. Un estado amniótico, fetal, sin consciencia. Ese estado del impulso a la vida. Anidar en ese estado, remover ese estado y habitarlo. Cuando empiezo a cobrar imagen de mi mismo, me empiezo a notar. Percibo mis huesos, mi piel. Mis huesos de cristal que si se caen se rompen, se cascan, se vulneran y pueden ser reducidos a un montículo de polvo. Mi piel, que es el único tejido que separa mis órganos de su exposición a la intemperie.

PAUSA

“Yo para otro”-“otro para mi”

Leo:   El otro me interpela con su mirada, yo me muevo, yo miro al otro que moviéndose me interpela. Cuando el otro baila frente a mi, dice Judith Butler, ingresa a la existencia a partir de la demanda, y algo acerca de nuestra existencia prueba ser precario cuando dicha demanda fracasa. Allí radica la vulnerabilidad. Este impacto, sigue ella, se relaciona con el modo como somos interpelados por el otro de maneras que no podemos advertir o evitar, primero y principal este impacto de la demanda del otro nos constituye contra nuestra voluntad, o tal vez, antes de la formación de nuestra voluntad.

Miro: cuerpos que se interpelan, se reúnen, se aplastan unos contra otros, se cuidan. Todos están de pie en este momento, suena un tema de John Lurie de alguna película de Jim Jarmush y la escena se me presenta totalmente antropológica.

Leo: La vulnerabilidad es incómoda y está bien que lo sea. La vulnerabilidad verdadera es incomoda y uno tendería a agarrarse de cualquier forma para cubrirla un poco y resguardarse otro tanto. Pero aquí nos interesa transitarla, abrazarla y que en el movimiento ella no desaparezca, que esté ahí latente, expuesta. Saber que soy vulnerable en todo momento.

Leo: La percepción de la desnudez del otro nos impele a la acción, nos mueve a romper nuestra indiferencia para salvarle de la situación frágil que está padeciendo. Este movimiento hacia el otro desnudo y expuesto es lo que él denomina propiamente la experiencia de la vulnerabilidad.

El ser humano es vulnerable porque es yo en relación con otro, hasta llegar a ser “rehén” del otro, del imperativo que su vulnerabilidad lanza a la responsabilidad propia. Esto acontece cuando el otro es rostro, es decir, próximo. Lévinas habla de una vulnerabilidad pre – original, en relación a la responsabilidad ante el otro. Pues esta responsabilidad no ha sido elegida, en ninguna acción, sino que es impuesta, como pasión, previa a la libertad.

La vulnerabilidad humana, según la comprende Ricoeur, consiste fundamentalmente en “cierta no-coincidencia del hombre consigo mismo”. El ser humano se sitúa “entre” lo finito y lo infinito, y esta “desproporción” lo constituye como estructuralmente frágil. La expresión ética de esta vulnerabilidad es lo que Ricoeur nombra como labilidad. Entiendo por labilidad aquella debilidad constitucional que hace que el mal sea posible”. La vulnerabilidad es entonces la posibilidad de ser sujeto que padece, pero también es la posibilidad de hacer padecer, de obrar mal. Esta vulnerabilidad se manifiesta especialmente en el sufrimiento padecido y el que se hace padecer.

Miro: pasan muchas cosas, varios encuentros, encuentros cuidados.

Al final suena “The perfect life” de Moby

Situación baile en ronda, situación boliche, baile social

El post: Alguien dijo que en vez de hallar la vulnerabilidad, se encontró vinculándose con el otro desde con un cuidado extraordinario. Otra persona dijo que se sentía vulnerable al llegar porque no conocía a nadie y que había podido conectar y sentirse muy contenido todo el tiempo. Otro dice que la parte del boliche la sintió como un ceder hacia el concepto más tradicional de Jam.

Yo termino contenta, con la tranquilidad y el alivio de haber compartido algo de mi propia vulnerabilidad.

Por Maia Pedroncini


Área de Movimiento  – Ana Caterina Cora

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